
EL CAMPO DE BATALLA
¿Cuántas veces no hemos deseado que se detenga el tiempo al realizar ciertas actividades en nuestra vida?
En más de una ocasión deseamos que no tuviéramos que
perder el tiempo en cosas innecesarias y superfluas, sin embargo, existen ciertos momentos de nuestras vidas en que no podemos evitar perder el tiempo, una de ellas, quizá de gran incidencia en la vida de los habitantes de la Ciudad de México, el tráfico citadino.
PROBLEMA QUE NOS INVOLUCRA A TODOS
Si haya algo que todos los habitantes de la ciudad tenemos en común, es la enorme cantidad de tiempo que pasamos en las calles para trasladarnos de un punto a otro. Y no se trata nada más de los que tienen vehículos particulares, no, las largas horas en el tráfico aplican tanto para los servicios particulares, como para de transpo
rte público y de carga. El tráfico es un problema que nos involucra a todos.
¿CULTURA O EDUCACIÓN?
Muchas veces nos han platicado de que el problema es que hay muchos vehículos, otros le echan la culpa a las autoridades, y otros dicen que el problema es que no hay una cultura de respeto entre los conductores de la ciudad. Si bien cada uno de estos puntos tiene algo de verdad, no tocaremos aquí ninguno de ellos pues es un hecho que el tráfico es un problema. Es por ello que en este espacio veremos qué es lo que sucede detrás del volante o en el asiento del copiloto o de los pasajeros mientras el reloj avanza rápido y los autos apenas se mueven unos metros.
EL TIEMPO SE TERMINA… O TERMINA CON NOSOTROS…
El tiempo es relativo. Y uno se da cuanta de esto cuando está metido en uno de esos embotellamientos tan característicos de la Ciudad de México. Las estaciones de radio se van como llegaron. El aire acondicionado sube, baja, se apaga. Las ventanas han el mismo balie, arriba y abajo. La mano derecha, la izquierda, las dos, ninguna. El volante cambia de control como la gente cambia de calcetines. La única constante es el reloj. Siempre avanza, nunca se detiene. Avanzamos poco y el tiempo avanza rápido. La hora programada para llegar a nuestro destino se acerca, pero nosotros pareciera que nos alejamos en lugar de acercarnos.
¿LEY DEL MÁS DÉBIL?
Estar en el tráfico es todo un mundo distinto. El lugar se vuelve un sangriento campo de batalla en el que aplica la ley más básica de la naturaleza: La ley del más débil. Hay que luchar con todo para avanzar, para que no te ganen tu lugar, el que n lo hace, se queda atrás. Y dentro de este mundo bélico, cada coche se vuelve todo un microcosmos para el conductor y sus acompañantes. Los cambios de humor se dan por fracciones de 15 minutos: la alegría, el cansancio, la pereza, el enojo. Son pocos estados de ánimo comparados con los que se pueden suscitar en una de esas tardes eternas en el tráfico.
CADA QUIEN TIENE LO SUYO
Ahí es cuando podemos presenciar lo que hace a cada persona única, pues como todo, cada quien tiene una forma distinta de enfrentar estos momentos de tensión bajo el sol o bajo la lluvia. Por ello, preguntamos a algunos conductores qué es lo que hacen cuando están atorados en el tráfico, cuáles son sus rituales.
DOCTOR AL VOLANTE
Un estudiante de medicina de la Universidad Panamericana, Campus Ciudad de México nos comentó que para pasar esas largas horas en el tráfico comienza con unos bellos cantos al son de la música que gradualmente sube su volumen. Cuando esto no es suficiente para calmar los nervios, se quita lo zapatos y hasta se pone su pijama quirúrgica (aunque no sabemos para qué), todos esto acompañado de gritos a aquellos conductores que osen meterse en su camino. Un personaje muy peculiar.
COMUNICADOR FUMADOR
Otro estudiante de la misma institución pero de la carrera de Comunicación, nos platica que la música es indispensable pero hay que acompañarla de un cigarrito. Asegura que esta es la combinación perfecta para sobrevivir a la batalla del tráfico.
TODO EN UN SÓLO LUGAR
Y este microcosmos que es el auto, se puede convertir en lo que uno desee. Una nave espacial, un restaurante tal vez, en donde podríamos poner un mantel y no caería nada de lo poco que se mueve el coche. O hasta un estudio de grabación en donde los cantos van acompañados de la batería con movimientos sincrónicos del pedal de freno y acelerador al compás de la música. Una práctica peligrosa pero ciertamente emocionante para esas horas largas y aburridas en el tráfico.
ESPECTADORES IMPACIENTES
Pero si la música no es lo tuyo, tal vez seas de los observadores silenciosos que miran a todos lados como espectadores de una interesante obra de teatro. A cada lado del automóvil hay una función esperando de un espectador. Hay romance, acción y misterio. No falla el que tiene la mirada perdida y el dedo en la nariz, o la pareja peleando entre ellos o con el coche de enfrente, gritando pero a la vez tú sin poder escuchar un solo sonido. Vaya que es divertido ponerle diálogos a las conversaciones, se arman historias completas.
TODA UNA OBRA DE TEATRO
Es increíble que en un problema tan común a todos los que vivimos en esta ciudad genere tanta variedad en los personajes que conforman este panorama. Todos, desde los conductores de autos privados, hasta los choferes del transporte público y sus pasajeros son únicos y tienen una historia que contar. Haya tanta variedad como estrellas en el cielo, y esto se los dice alguien a quien le fue calculado que pasaría al menos cuatro años de su vida metido en el tráfico. Qué no se puede hacer en cuatro años.
¡RIÁMONOS LOS UNOS DE LOS OTROS!
Así que la próxima vez que estén atorados en el tráfico y deseen que se los trague la tierra, miren a su alrededor, que hay todo un mundo para explorar y experimentar, para imaginar e inventar. El cambo de batalla es sólo el escenario.
